Los días oscuros - Pablo Rambaud
Publicado por Daniel Pajuelo Vázquez - Octubre 1st, 2005Uno desearía que nunca viniesen. Pero no dependen de uno.
Me refiero a esos días en que no se ve. Uno se levanta y se niega a sí mismo esa primera sensación de abismo. Porque a las cinco de la mañana uno no está para abismos. Así que el primer golpe se anula por la vía rápida de la negación.
Pero eso en realidad no hace desaparecer nada.
Así que uno hace como que todo es normal y sigue adelante. Pero algo se le ha quedado detrás que le inquieta. No miras atrás. ¡Qué va! ¡No vaya a ser verdad!
Pero avanzado el día sabes que algo no va bien. Y se te sigue nublando la vista. Dentro de tu universo las nubes se van volviendo más oscuras. Y más aún cuanto más te niegas la sensación. Y hacia mediodía (sería la hora nona) todo se torna muy negro.
Miras a otro lado. Te ocupas en cualquier cosa. Pero algo te empieza a sangrar por dentro. Casi hasta de duelen realmente las vísceras. Y te das cuenta de que ya no puedes seguir negándolo.
Y entonces sí que se vuelve todo oscuro.
Mires donde mires hay oscuridad. Además ya no sabes hacia dónde caminabas. No hay signos. No hay referencias.
Niebla. Densa.
Te sientas. Contigo a solas. Porque ahí no hay nadie más. Al menos no lo ves.
Lo único que se te ocurre es suplicar algo de luz.
En esos días solo pides luz.
Hay días, los normales, en que uno pide paz, alegría, entusiasmo, capacidad de amar, o qué sé yo qué de cosas.
Estos otros días solo se pide luz.
Porque no se ve.
Son los días oscuros.
Uno se mira entonces a sí mismo y quizá llore. Porque se da pena. Y entonces llora más de la pena que se da por darse pena. Hasta que se cansa de darse pena. Entonces se levanta y hace una apuesta. A ciegas, como todas las apuestas. Y se pone a caminar hacia donde cree que estaba la luz.
Se ha roto el primer poder de la oscuridad, que es hacerte parar. Caminas y pides luz. Porque nunca te cansas de pedir, que para eso nos dio Dios boca. Pides luz y caminas. Probablemente también reprochas y acusas. Muchas promesas…, pero llegado el momento de la verdad… aquí estoy solo.
Y caminas y te cabreas porque te han dejado solo. Pero caminas.
Y te das cuenta de que has roto el segundo poder de la oscuridad, que es hacerte creer que nunca podrás. Te anulaba. Ya no. Ya no te anula.
Y entonces te das cuenta de otro error: querer encontrar la luz de antes, la que conocías, la de siempre. Andabas buscando la luz que tuviste en algún momento. Pero esa luz ya no existe. No está; era la de antes. No te sirve ahora. Y te vuelve la congoja porque sabes que tienes que volver a apostar pero aún más a ciegas de lo que creías, porque ya no te sirve lo de antes. Además intuyes que el abismo que te hundió en la mañana tiene que ver con esa mirada hacia atrás. No se puede poner la mano en el arado y seguir mirando atrás. No se puede porque te nubla la vista y vuelve oscuro tu día. No se puede porque te hace daño. Te haces daño.
Por eso te convences de que hay que caminar hacia la nueva luz. La que se te prometió y aún no ves.
Y te pones a andar.
Y de pronto te das cuenta de que la oscuridad ya no es oscura.
Es noche. Pero no oscuridad. Y está cuajada de estrellas, que siempre son promesas.
Y caminas. Sin saber a dónde. Pero sabes que eso ahora no importa. Ahora hay que caminar bajo las estrellas con esa sensación única que da el saberse vivo.
Y sigues andando. Y das gracias por la luz de las estrellas. Y por la que te ha nacido dentro. Das gracias.
Das gracias porque sabes muy bien que no has salido solo de ese abismo que ya queda atrás; sabes que -una vez más- alguien te devolvió la vista. Por eso das gracias. Porque ha sido gratis.
Y entonces amanece. Aunque aún te acompañan las estrellas.
[Esto no son más que unas oscuras reflexiones a partir de algunas cosas vividas. Como estas cosas son muy personales quizá no sirvan a nadie. O quizá sí. Por eso las mando.
Son cosas vividas aquí, pero que podían haber sido vividas allí. Y en cualquier momento. Porque son parte de los procesos personales.]




[…] Los días oscuros Esta reflexión la tomo prestada de mi hermano Pablo Rambaud, sm. Creo que hay días en que muchos nos sentimos identificados con su misma experiencia. Quiero guardarla en mi memoria para que en los días oscuros brille el recuerdo de una luz que me impulse a buscar otra nueva. del foro Marianistas en Filipinas Pablo Rambaud Los días oscuros […]
Escrito por Daniel Pajuelo Vázquez :: Viaje a mis recuerdos » Blog Archive » Los días oscuros el Sábado 01 de Octubre 2005